Monday, September 09, 2013



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El viejillo que se encarga de mantener aseado el baño de Sanborns en eje 5 está triste. ¿Por qué?, le preguntó otro anciano, el encargado del estacionamiento. Por la selección, respondió cabizbajo y hojeando su periódico deportivo.

La gavilla de profesionales del fútbol que nos representa ha puesto a la nación entera en una situación muy incómoda. Dolorosa, por lo menos. Vaya, nuestro país está a punto de ebullición, no hemos sabido entrar al nuevo siglo: somos presididos por un inepto, todas las instituciones son una pachanga y nos somete el yugo de una televisora todopoderosa que adultera los conceptos humanos más básicos.

En ese incongruente panorama es muy congruente que nuestros atletas pues... no hagan una, que no estén preparados para competir contra el mundo.

Sin embargo al fútbol no lo tutela la razón. Urge ganarle a EUA este martes, urge ir a Brasil 2014. Urge, por una sencilla razón: La Copa Mundial de Fútbol es una medida de tiempo. Cada cuatro años todo cambia. Uno no celebra un gol de igual manera cada cuatro años. Hay una madurez emocional necesaria y fundamental que el fútbol -bello, épico, humano- otorga a puños (a patadas, acaso). Si México no consigue su pase al mundial se abrirá un hueco de mexicanos sin el dulce anhelo de la imposible gloria.

No sería la primera vez.

El futbol es un juego de voluntades ajenas. No podemos “darles buena vibra” o “pedirle a diosito” el logro. Esas son supersticiones que hoy no vienen al caso. ¿Ponerse la verde?, por favor... no nos resta sino esperar y ver.

En el gentilicio que nos engloba a todos cabe el hombre más rico del mundo y los viejitos que cuidan los sanitarios de sus negocios. También la gama de tristezas y antojos que los vuelven una misma persona. Corrijo: que nos vuelven la misma persona.


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