Thursday, July 06, 2006

1. Otra vez perdí el oído derecho y no escucho la mitad de todo. No escuché los berridos del niño en el vagón porque su hermano le dio un zape. Tampoco escuché al chato que propone le demos dinero porque optó por no sacarnos la cartera y mejor herirse la espalda sobre una botella de coca cola hecha pedazos. Uh, no escuché la hora de los Beatles dando paso a la de Luis Miguel, ni las advertencias de -próxima estación- mal sincronizadas. Me perdí el grito de la srita. diciéndome -aguas, joven- y luego, ahora sí con total detalle, vi sangre desparramada en los rieles y un montón de viajeros imaginando las caras de sus jefes, iracundos por la irreversible demora.

2 comments:

El Negro said...

En el Metro se pierde cualquier cosa; el oído, la capacidad de sorprenderte, la víginidad, todo. Lo peor esque hay que ir en chinga para llegar al fucking trabajo, qué güeva.

Abominable Mario Flores said...

Quejica.
Ja, qué pedo con los chatos que llegan a ofrecerte no sacarte la cartera a cambio de recostarse sobre vidrios rotos, sí. Y todavía hay quien se atreve a decir que México no está a la purita cabeza de las naciones del mundo. ¿Dónde más te ofrecen servicios tan variados y completos como aquí?